Valencia ya no es solo paella. Cuatro restaurantes están construyendo un argumento gastronómico de primer nivel con materiales propios.

Durante mucho tiempo, Valencia fue percibida en el circuito gastronómico nacional como una ciudad con producto excepcional y sin traducción de alta cocina. El mar Mediterráneo, la huerta, el arroz, los cítricos —ingredientes de referencia mundial— servían como base de una cocina popular extraordinaria que rara vez encontraba expresión en el formato del restaurante gastronómico. La paella era el techo y el tópico al mismo tiempo.

Eso ha cambiado en los últimos cinco años de manera acelerada. Cuatro restaurantes, con proyectos distintos y lenguajes propios, están poniendo a Valencia en el mapa de la alta gastronomía española con argumentos que no son un reflejo de lo que se hace en Madrid o Barcelona, sino propuestas construidas desde la identidad del territorio.

Riff: el rigor técnico como base

Bernd Knöller lleva más de veinte años cocinando en Valencia. Su trayectoria es uno de los casos más singulares de la alta cocina española: un cocinero formado en la tradición centroeuropea —Baviera, Alsacia, varios años en el circuito de restaurantes con estrella en Alemania— que lleva dos décadas aplicando esa formación a los productos del Mediterráneo valenciano.

Riff ha sido, durante todo ese tiempo, el restaurante que practica la alta cocina de manera más sistemática y sin concesiones a la moda. La propuesta opera con una lógica de claridad de sabor que recuerda a la cocina centroeuropea en su mejor versión: técnica al servicio del ingrediente, no al revés. La estrella Michelin que acumula desde hace años es un mínimo, no un techo. Knöller lleva décadas siendo el cocinero más discreto y más consistente de la ciudad.

Sucede: el discurso local llevado al límite

Miguel Ángel Mayor ha construido en Sucede el argumento más coherente sobre la identidad culinaria valenciana en formato de alta cocina. El menú no tiene concesiones: arroz en sus distintas expresiones, cítricos de la comarca de La Plana, anguila del Delta del Júcar, clóxina —el mejillón valenciano de pequeño tamaño y sabor concentrado—, galera, sepia de la lonja de Burriana. El producto local no como ingrediente sino como tema, como declaración.

Lo que hace Sucede es difícil de replicar fuera de Valencia, y esa intransferibilidad es parte de la propuesta. No hay un plato en el menú que pudiera existir en Madrid o en Barcelona sin perder algo esencial. Esa vinculación al territorio —que en otros tiempos se consideraba una limitación— es hoy el mayor activo del restaurante.

La Salita: la feminidad como voz, no como etiqueta

Begoña Rodrigo ha ganado más titulares por ser mujer en un sector masculinizado que por la cocina en sí, lo cual es injusto en ambas direcciones. La Salita es técnicamente uno de los restaurantes más sofisticados de Valencia, con una propuesta que trabaja el producto de temporada con una precisión que no necesita artificios para resultar memorable.

La carta tiene una lógica interna clara: sabor ante todo, tratamiento mínimo, ingredientes identificables que llegan a la mesa con su carácter intacto. El servicio funciona con una calidez que muchos restaurantes de alto nivel han olvidado que existe, y que en este contexto convierte la cena en algo que no se parece a ningún otro restaurante de la ciudad.

El Poblet: el peso institucional del grupo Quique Dacosta

El Poblet tiene la ventaja y el lastre de ser la propuesta urbana del grupo más importante de la gastronomía valenciana. Quique Dacosta Restaurante, en Dénia, es desde hace años un punto de referencia internacional; El Poblet, en Valencia ciudad, funciona como la versión accesible de ese mismo universo técnico.

Luis Valls, al frente de los fogones, ha logrado dotar al restaurante de una personalidad propia, separada del sello Dacosta. Los arroces —La Safor, el Delta, el secano— son el hilo conductor de un menú que usa la cocina valenciana como gramática y la técnica contemporánea como herramienta. El resultado es un espacio donde la alta cocina resulta, por una vez, hospitalaria.

Cuatro proyectos distintos, cuatro argumentos diferentes, una sola conclusión: Valencia está construyendo algo que lleva años en camino y que en 2026 ya no admite ser ignorado.

Manuel Jiménez

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